Opinión | Tecnología y didáctica

Opinión | Tecnología y didáctica

Es común en las teorías modernas educativas y en la reciente ciencia de la didactología encontrarse con ideas, no siempre bien fundamentadas, pero sí muy numerosas y asumidas por una cada vez más creciente mayoría, que relacionan pedagogía, didáctica y entretención casi como si en verdad la distinción fuera solo de razón, puesto que en la realidad estarían unidas. Dicho en otros términos, la clase ha de ser entretenida para que el alumno realmente aprenda, y por lo mismo debe eliminarse ciertos formatos tradicionales, como el del académico que imparte una cátedra.

Sin duda, el enfoque de esta tendencia está puesto en el alumno como su protagonista y, específicamente, en su dimensión afectiva, pues la causa del aprendizaje estaría en que de algún modo no se partiría de lo que aprende pues estaría “entretenido”.

Si bien el principio y el objetivo es muy noble, cae drásticamente en el error. En efecto, sin duda alguna la tecnología ha posibilitado herramientas para la actividad pedagógica. Pero no hay que poner la carreta antes de los bueyes, es decir, que una clase sea entretenida es efecto de una buena clase, es decir, que sus objetivos de aprendizaje se lograron y que los alumnos, al verlo, se entretuvieron. No olvidemos que siempre hay un gozo por el conocimiento cuando se trata de un ser humano, pues es un ente de naturaleza intelectual.

Por tanto, la didáctica está al servicio de la clase, no al revés. La tecnología acompaña al educador para que, viendo las herramientas con las que cuenta, pueda efectivamente alcanzar los objetivos de la clase propuesta. La entretención es efecto de una buena clase, no puede ser la causa. La finalidad de la clase debe ser aprender, y la condición no es la entretención. Hay aprendizajes que no son, en modo alguno por su naturaleza, entretenidos, como por ejemplo, cuando un criminalista debe aprender los comportamientos de una asesino en serie. No obstante puede ser significativa e interesante una clase por manifestar su contenido de forma clara y precisa que le permite al estudiante de criminalística comprender el modus operandi de dichos sujetos y, por consecuencia, gozarse en dicho conocimiento.

En definitiva, la didáctica de una clase debe ordenarse al alcance de conocimientos que permitan al alumno acceder a aquello que el educador ha visto como importante que sepa. Si llega a ocurrir, entonces probablemente el alumno habrá gozado la clase, mas no necesariamente entretenido.

Sebastián Buzeta Undurraga
Director Lic. En Educación Media
Universidad Gabriela Mistral

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