Opinión | Tecnología en la Educación

Opinión | Tecnología en la Educación

Hablar de tecnología hoy en día es hablar de lo cotidiano del hombre del siglo XXI. Sin duda, la tecnología no solo es un recurso que las personas han hecho propio y ha impregnado cada una de las dimensiones de su vida, sino que además ha llegado a configurar el diario vivir de las personas, al punto que si algunos salen de sus hogares sin celular, o sin Tablet, o se les cae el sistema en el trabajo o, simplemente, hay un temblor y queda el país entero sin señal telefónica, entonces comienza una especie de colapso interior de carácter existencial donde el sujeto de alguna manera se percibe a sí mismo en un estado de vulnerabilidad solo eliminable con el reencuentro de su celular, o el de su Tablet o la vuelta de la señal perdida. En definitiva, se trata de un ser humano cuya vida es en gran medida, para bien o para mal, virtual, lo que implica necesariamente que su lugar de confort o seguridad es en estado de conexión.

Ya hablaremos en otro momento de las oportunidades y desventajas que tiene este tipo de vida. Por el momento limitémonos a decir que la tecnología no es otra cosa sino un medio, y como tal, no es ni buena ni mala en sí misma. Esto quiere decir que la bondad o maldad vendrá en el uso que hagamos de ella. Sin duda, como herramienta, será posible de ser ordenada para el bien o para el mal. Y cuanto más perfecta y posibilidades entregue dicha herramienta tanto bien o mal podrán hacer las personas. De ahí la necesidad no solo de conocer la tecnología, sino sobre todo de las posibilidades que ella ofrece.

La educación en la tecnología ofrece, por tanto, una doble dimensión: por un lado, la formación en torno a la tecnología y las oportunidades que devienen de su uso para el bien humano (las cuales pueden ser enormes), así como también los peligros que conllevaría su utilización de modo desordenado. Y, por otro, la utilización de la tecnología por parte de aquellos que tienen a su cargo la formación de las personas, a saber, los educadores. Ambas están estrechamente unidas, pues en el mismo uso de las tecnologías que se puede tener en clases de algún modo le estoy enseñando al alumno el bien que estas proveen tanto a él como al profesor para hacerle llegar el conocimiento que intenta traspasarle.

Por eso dice el filósofo Ignasi de Bofarull, quien es profesor de Educación de la Universitat Internacional de Catalunya: “(Respecto de la tecnología) Todo depende del tiempo que se dedique y la capacidad crítica que se ejerza a la hora de saber situarlas en su justo lugar. Como padres, deberemos mantenernos alejados de cualquier tentación de rechazo simplista de la tecnología o, por el contrario, exaltación sin crítica de la última novedad”.

De modo que la enseñanza de la tecnología y la humanización de la misma (esto es, la enseñanza acerca del lugar que debe tener en la vida humana a los alumnos) es tan importante como el modo en que son utilizados los medios tecnológicos por parte del profesor, pues en este segundo aspecto el alumno padece la tecnología mediante el proceso educativo. Esto es radical en la formación del alumno, ya que la educación, en consonancia con la enseñanza de Aristóteles, es esencialmente moral. Educar es humanizar En efecto, al educar no se violenta al alumno, sino que se le orienta para que, a través de virtudes intelectuales y morales, sea capaz de ver qué cosas son medios y qué otras son fines, y dentro de este último grupo, cuales son los más nobles, para así ordenarse desde sí mismo a alcanzarlos y vivir en libertad.

La tecnología se sitúa por tanto como un medio que ofrece al educador el particular desafío de utilizarla de tal forma que, por un lado, se les presente a sus alumnos como una herramienta –quizás la más radical- para vivir de modo armónico en este siglo XXI y, por otro, que no la vean más que un mero medio para alcanzar una vida propiamente humana, donde la clave está no en tener más sino en el uso de la misma, y así no sucumbir ante una vida virtual que, en muchas ocasiones, va a una velocidad que humanamente es imposible seguir y que, por lo mismo, no está necesitado naturalmente de ella.

Dr. Sebastián Buzeta Undurraga

Director de la Licenciatura en Enseñanza Media
Director del Instituto Persona y Cultura
Universidad Gabriela Mistral

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